
Crear el Panteón
¿Cómo es la fe en un mundo en el que existe la magia?
En la fantasía, siempre me he encontrado con estos puntos de vista:
- Los dioses no afectan apenas al mundo, lo contemplan, y posteriormente reaccionan a eventos, hasta provocar verdaderos cataclismos.
- La mayoría de los ciudadanos rechazan el poder divino porque el poder mágico da resultados ya sin tener que depender de una deidad.
- Las deidades viven y actúan sobre el mundo directamente, y por tanto es imposible ignorar su presencia.
Para el mundo de Enybia tenía que tomar una decisión.
Así que decidí coser la magia de los mortales a la génesis del mundo, considerando que éste es obra de la primera diosa y que la magia utiliza la energía residual que dejó la creación para alterarla levemente.
De esta forma, los magos son realmente como «pequeñas deidades» que alteran el destino y que aprovechan la Inercia Histórica de sus conjuros para obtener los efectos deseados.
Sin embargo, alterar la Canción no consiste únicamente en disponer de más poder. También exige precisión.
Me imagino a los hechiceros como seres con los dedos cada vez más gruesos a medida que adquieren poder, de manera que cuando desean alterar la canción, cada vez son menos precisos. Esto quiere decir que los dioses, al ser los seres más poderosos de todos, tienen los dedos realmente gordos y, al ser conscientes de que pueden romper la Canción, tratan de influir sobre el mundo a través de los mortales, particularmente los usuarios de la magia (no sólo los sacerdotes que practican la magia sagrada).
¿Cómo reaccionaría la gente si la acción de los dioses se notara?
Para esto me he fijado mucho en la religiosidad de nuestro mundo, y en la actitud de las personas frente a la fe en nuestro mundo. Y una realidad es que siempre nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena.
He tomado como base un espectro que va desde quienes han dado la espalda a los dioses, principalmente porque se han sentido rechazados, hasta quienes los siguen ciegamente.
- Quienes creen que los dioses existen, pero se niegan a servirlos.
- Quienes piensan que son criaturas mágicas extremadamente poderosas, pero no seres sagrados.
- Quienes reconocen a todos los dioses, pero sólo veneran a uno.
- Culturas que consideran falsas o incompletas las visiones de los demás pueblos.
He decidido que en este escenario el ateísmo o el agnosticismo no son opciones para la mayoría de las culturas, porque las deidades están demasiado presentes.
¿Cómo se relacionan las deidades con sus fieles?
Para responder a esto he llegado a la conclusión de que en cierto modo la relación ha de ser simbiótica: es decir, «no hay dios sin pueblo, ni pueblo sin dios». Aquí me he dejado llevar un poco por Terry Pratchett: los dioses tienen poder mientras la gente tenga fe en ellos.
Con esta excepción: Asahi y los dioses primordiales pueden existir independientemente de los mortales.
Las demás personalidades divinas, en cambio, surgen cuando existe una necesidad, un relato y suficiente fe alrededor de una idea.
¿Cuántos dioses hay?
Al depender de la fe de las personas, el número de dioses varía inevitablemente, pero tanto su número como su función siempre responden a necesidades básicas de cada momento histórico.
En una aldea agrícola, Santa Nozomi puede ser venerada como diosa de la vida, la fertilidad y las cosechas. En una gran ciudad, estas tres funciones podrían estar repartidas entre tres divinidades diferentes. Ninguna de las versiones tiene por qué ser completamente falsa.
Y no pasa nada.
¿Cuáles son los límites de las deidades?
La Canción del mundo es el límite. Todos los dioses trabajan al servicio de la Canción y, al hacerlo, cumplen la voluntad de Asahi. Incluso la personalidad del Mal cumple una función dentro de ese propósito.
Nadie conoce por completo la voluntad de Asahi. Quizás ni siquiera los dioses, que sólo saben que la Canción debe continuar.
Lo que ocurriría si la Canción se detuviera es uno de esos secretos que prefiero conservar por ahora.