Archivo Imperial

Guerras de la Unificación

Las Guerras de la Fundación consistió en una sucesión de guerras que llevaron a la formación del Imperio Eterno culminaron con la unificación del oeste. Comenzaron en el año -49 y finalizaron en el 31.

Orígenes

La caída del Archiducado de Lis sorprendió a los reinos demoníacos del oeste. Los reyes-brujo gobernaban gracias a su linaje, que les otorgaba autoridad sobre los demonios y sus ejércitos.

Durante milenios, la nobleza demoníaca había gobernado mediante el miedo. Sin embargo, el nuevo Reino de las Tres Lunas ofrecía una alternativa inesperada. La noticia de que la reina Irina D’Aerte había nacido esclava se propagó rápidamente entre la población, convirtiéndose en un poderoso símbolo de esperanza.

Los tres reyes-brujo pactaron dejar de atacarse entre ellos para prepararse para invadir el Reino de las Tres Lunas.

La coalición de los reyes-brujo invadió el Ducado de Torrecálida desde la costa norte del Reino de Zaera sin éxito, estrellándose contra la fuerte resistencia organizada por Anthony Black, en apoyo a la Duquesa Carlier.

La nueva archiduquesa de Lis, Nicolle Black, ordenó la construcción de la muralla de la muerte, una red de bastiones, fortalezas, trincheras y refugios en cuevas en la frontera del Reino de las Tres Lunas con el Reino de Enybia, considerado el principal frente de guerra.

Los tímidos intentos quedaron en poco frente al paradigma de defensa en profundidad de las fronteras. La idea que se forjó tras esta amenaza permanente fue la conquista de los reinos demoníacos.

Los sucesivos fracasos de la coalición convencieron a los nobles del Reino de las Tres Lunas de que la defensa permanente sólo aplazaba el problema. Poco a poco comenzó a imponerse una nueva doctrina: la única frontera segura era aquella que ya no existía. Así nació la idea de conquistar los reinos demoníacos.

«Una muralla detiene un ejército. No detiene la ambición de quien lo envía.» Nicolle Black, Archiduquesa de Lis

Primera Guerra: la conquista de Zaera

Años -49 a 0 CI

Campaña del este

Dirigidos por la Archiduquesa de Lis Nicolle Black, los ejércitos del Reino de las Tres Lunas comenzaron la conquista del territorio de Zaera.

Montaña a montaña, pueblo a pueblo y ciudad a ciudad. Aunque muchos lugares oponían resistencia, en otros la población civil estaba dispuesta a colaborar con los invasores.

En numerosas localidades, cuando las tropas de Nicolle llegaban los propios habitantes habían depuesto a la nobelza local.

Cuando se terminaron las montañas y las colinas el frente se estabilizó: la resistencia en los marjales era muchísimo mayor.

«En Zaera no conquistábamos pueblos. Llegábamos a tiempo para ver cómo se liberaban.» Nicolle Black, Archiduquesa de Lis

Campaña del oeste

Tras varios años de estancamiento, los emperadores confiaron la dirección de la ofensiva occidental a la princesa Luna D’Aerte, cuya reputación como estratega en la Muralla de la Muerte comenzaba a extenderse por todo el continente. La defensa de la muralla quedó en manos de Milena Valcrest, una general de su confianza.

Luna era una estratega implacable. Sus cuadros de cascarones vacíos resultaban especialmente eficaces: frente a fortalezas recurría al asedio; frente a máquinas de guerra, al sabotaje; frente a magos, a la artillería pesada.

Ejército imperial al mando de Luna D'Aerte

Códice Carlier • Hoja 72 • Ejército imperial al mando de Luna D’Aerte.

«La estrategia consiste en no ofrecer al enemigo la guerra para la que se ha preparado.» Luna D’Aerte, Princesa del Reino de las Tres Lunas

Campaña del sur

Consciente de que la caída de la capital de Zaera supondría una victoria definitiva, Luna ordenó al ejército mortal de Nicolle proteger la extensa línea de suministros que conectaba el frente con territorio seguro.

Mientras Luna iniciaba el asedio, un ejército del Reino del Loto, enviado en apoyo de Zaera, se dedicó a saquear el sur del territorio de sus propios aliados.

Nicolle, acuartelada en un asentamiento cercano, salió a su encuentro y lo derrotó.

«La coalición envió refuerzos a Zaera. Zaera habría preferido que se perdieran por el camino.» Luna D’Aerte, Princesa del Reino de las Tres Lunas

El asedio de Zaera

El asedio de Zaera se convirtió en la mayor operación militar emprendida hasta entonces por el Reino de las Tres Lunas.

La princesa Luna preparó cuidadosamente cada detalle, pese a las robustas defensas de la ciudad, que contaba con un poderoso Aster y con una red de bastiones que se protegían unos a otros.

Cada demonio caído era una pérdida definitiva. Los cascarones vacíos, en cambio, podían volver a levantarse una y otra vez.

La conquista fue lenta pero finalmente, tras seis años de asedio, Zaera había caído.

Nicolle y Luna perdonaron a los nobles a cambio de fidelidad.

La Casa Maiu conservó el trono como vasalla del nuevo Imperio, iniciando una política que se repetiría en las campañas posteriores: sustituir la conquista por la integración siempre que fuera posible.

«No necesitábamos tomar Zaera deprisa. Sólo necesitábamos que Zaera no pudiera resistir para siempre.» Luna D’Aerte, Princesa Imperial

Consecuencias de la primera guerra

Segunda Guerra: la conquista del Loto

Años 0 a 18 CI

La fiesta de la coronación

Luna D’Aerte acudió a regañadientes a la coronación imperial de sus padres, pues consideraba que era el momento adecuado para atacar el Reino del Loto.

Sin embargo, al llegar a la nueva capital imperial, comprendió la necesidad de la ceremonia y el papel propagandístico que debía desempeñar en un imperio recién nacido, debilitado por el coste económico de la guerra anterior, la construcción de nuevas defensas y las reformas necesarias en los territorios conquistados.

Luna decidió abandonar temporalmente el frente y completar su formación en economía. Fue sustituida por la general Olivia Falkers.

«Una guerra se gana con ejércitos. Un imperio se conserva con caminos, impuestos y paciencia.» Luna D’Aerte, Princesa Imperial

Olivia era menos impulsiva que Luna, pero, una vez comenzaban las hostilidades, demostró ser mucho más sanguinaria.

Tras asumir el mando, mantuvo una estrategia defensiva implacable durante diez años. Utilizó ese tiempo para entrenar a los nuevos ejércitos de Zaera junto a las tropas del Imperio Eterno, mientras se aplicaban en los territorios conquistados las reformas inspiradas en el Acta de Lirios.

La caída del Loto

Cuando el Imperio estuvo preparado, el emperador Anthony se incorporó al frente con tropas entrenadas en Lis.

El enemigo había sembrado de trampas los pasos de montaña y aprovechado los numerosos desfiladeros y cuellos de botella del reino. Por este motivo, y pese al enorme consumo de magia que suponía, los cuadros de cascarones vacíos encabezaban siempre el avance.

La falta de resistencia sorprendió al mando imperial. La sospecha de que se tratara de una emboscada llegó incluso a ralentizar la ofensiva.

La explicación apareció poco después: el tercer príncipe del Loto, miembro de la casa Saint-Clair, había roto con el rey y encabezado una rebelión apoyada por numerosos nobles. Sus seguidores admiraban las reformas del Imperio Eterno y aspiraban a liberar al reino del dominio de los demonios.

Los rebeldes fueron invitados a incorporarse al ejército imperial. Con su apoyo, las tropas llegaron hasta las puertas de la capital.

Aunque el asedio se prolongó durante cinco años, los emperadores reconocieron al príncipe Saint-Clair como rey antes de la caída definitiva de la ciudad. Desde ese momento, el territorio fue considerado parte del Imperio y comenzaron las reformas necesarias para su integración en el Imperio Eterno.

Finalmente, la capital, agotada, abrió sus puertas.

Antes de que nadie pudiera impedirlo, Olivia irrumpió con sus tropas en el palacio real y decapitó al rey, pese a que este ya había depuesto las armas.

Se desconoce el motivo. Sólo consta que ningún miembro del alto mando intentó detenerla ni condenó públicamente la ejecución.

«Los reyes derrotados conservan una costumbre peligrosa: seguir teniendo seguidores.» Olivia Falkers, General Imperial

Consecuencias

  • El alto mando imperial comprendió que vencer una guerra no era lo mismo que ganar batallas.
  • El Reino del Loto se integró en el Imperio Eterno.

Tercera Guerra: la conquista de Enybia

Años 18 a 31 CI

Ya no quedaba coalición.

Luna D’Aerte, que había iniciado la construcción de las Vías Lilianas como arterias comerciales del Imperio Eterno, recibió el mando de los ejércitos imperiales.

El cinturón de sal

El Reino de Enybia había creado al sur de la Muralla de la Muerte un extenso cinturón de tierra quemada y sembrada de sal, con la esperanza de que bastara para disuadir cualquier invasión.

El rey-brujo se equivocó.

Mientras las flotas del Imperio Eterno asediaban las costas del sur,Luna avanzó con su ejército por el frente central, flanqueada por las tropas de Milena Valcrest al este y las de Olivia Falkers al oeste.

En los tres frentes se aplicó el mismo método:

  • Cada día se avanzaba una legua y se construía una nueva legua de Vía Liliana.
  • Cada dos leguas se levantaba un puesto defensivo.
  • Cada cuatro leguas se construía un castillo.
  • Los castillos se comunicaban mediante caminos secundarios que atravesaban los puestos defensivos y formaban una red fortificada.
  • Tras la segunda línea de castillos, las tierras eran purificadas, se fundaban aldeas y se trasladaba a nuevos habitantes.

Este sistema impedía que las fuerzas imperiales quedaran aisladas y hacía casi imposible recuperar el terreno perdido. Cada jornada de avance extendía también las comunicaciones, las defensas y la administración del Imperio.

Para cuando los ejércitos enemigos podían organizar un contraataque, el territorio conquistado ya no era un frente provisional, sino una nueva frontera fortificada.

«No conquistaremos Enybia. Haremos que, cuando miren atrás, descubran que ya viven dentro del Imperio.» Luna D’Aerte, Princesa Imperial

La Guerra del Trono

Todo avanzó según lo previsto hasta que, en el año 26 CI, Luna llegó a las fronteras de un reino élfico independiente: el Reino del Trono.

La princesa consideró que podía convertirse en un aliado valioso y en una base desde la que acelerar la caída del resto de Enybia.

Los elfos, sin embargo, se negaron a colaborar con los humanos y rechazaron abiertamente el uso de la nigromancia. Lejos de facilitar el avance imperial, se opusieron a él.

Luna logró derribar las murallas de la capital, pero, al atravesarlas, descubrió que la verdadera defensa apenas había comenzado. Los elfos y sus aliados, hadas y orcos, combatían edificio a edificio en el interior de una ciudad laberíntica, preparada para resistir incluso después de perder sus fortificaciones exteriores.

Tras dos años de obstinación mutua, la ciudad continuaba resistiendo. La muerte de los reyes y de toda su dinastía no puso fin a la guerra: el reino eligió una nueva familia gobernante y siguió combatiendo.

«Matamos a sus reyes y eligieron otros. En ese momento comprendí que no estábamos sitiando una dinastía.» Luna D’Aerte, Princesa Imperial

Cada día consumido en aquel frente concedía tiempo al rey-brujo de Enybia para reorganizar sus fuerzas. Con la capital élfica casi reducida a escombros y sin una victoria decisiva a la vista, ambas partes acordaron un armisticio.

El nuevo rey de Ulenya aceptó incorporar su reino al Imperio Eterno, siempre que conservara un régimen especial de autonomía que, en la práctica, lo convertía en una ciudad-estado.

A cambio, los elfos apoyarían la campaña contra el último rey-brujo.

La caída de Enybia

El rey-brujo había abandonado casi todos los territorios del sur debido a las incursiones periódicas de la flota de guerra del Imperio Eterno.

Sus últimas posiciones se concentraban en el Desierto de Olvido, entonces un erial todavía atravesado por un gran río.

Incluso los demonios necesitan agua.

«No necesitábamos derrotar a los demonios. Bastaba con recordarles que también tenían sed.» Luna D’Aerte, Princesa Imperial

Luna ordenó construir una presa.

El ataque final del Imperio Eterno encontró tropas desmoralizadas y sedientas, demonios desesperados y los restos de lo que había sido una nación orgullosa.

Tras la victoria, el rey-brujo fue encarcelado. Siguiendo el procedimiento empleado en conquistas anteriores, su príncipe fue coronado rey y obligado a jurar fidelidad a los emperadores.

Consecuencias

  • La caída del Reino de Enybia completó la unificación del oeste.
  • Desaparecieron los últimos reyes-brujo de la región.
  • Los ejércitos demoníacos quedaron sin un mando común y se dispersaron.
  • El Reino de Ulenya se incorporó al Imperio conservando una amplia autonomía.
  • La presa alteró de forma irreversible el cauce del río y aceleró la desertificación de Olvido.